DOBLE PEÓN

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Decía Chaplin que un día sin reír es un día perdido. Si me baso en esa afirmación, he de confesar que he perdido bastantes días, pero no me torturo por ello.

Yo en cambio siento que pierdo el día si en él no he creado nada, aunque sea mínima y sencillamente un post en facebook sobre éste blog o una nota o apunte.

Es decir, al igual que Chaplin afirmaba eso de que un día sin reír es un día perdido, yo afirmo que un día sin crear también lo es, y es por ese motivo que me encuentro aquí escribiendo estas lineas.

Es cierto que tengo muchos temas en la cabeza sobre los que poder reflexionar, pero hay uno de ellos que me apetece más, así que directamente voy a ello.

Reinventarse

Pasan los días en los que sales de casa para trabajar unas horas a cambio de  un salario mensual y, en los que regresas a casa cansado sin apenas haberte dado cuenta de que ha sido en ese lugar de trabajo donde te has dejado todas las energías que tienes para ser cada día algo productivo e incluso creativo, poco queda del entusiasmo y la vitalidad con la que realizas un trabajo que únicamente te aporta dinero, el cual te aporta sustento, alimento y algún que otro vicio.

Te pasas la semana dejándote los días pasar entre horas de esfuerzo y sudor para como decía aquel, cumplir el sueño de otro en lugar del tuyo propio.

La sensación al llegar a casa es de bastante vitalidad, debido al frenético ritmo que has llevado en el trabajo el cual te ha generado cierta adrenalina y, hasta que no paras realmente tú cuerpo y tú mente no termina de relajarse. Una vez relajado, sientes el peso de todas esas horas que has dejado sin dormir a lo largo de toda la semana, habiéndole rascado minutos a la noche hasta bien entrada la mañana. En mi caso porque estoy de tardes.

Y es en ese día a día en el que francamente a uno se le quitan las ganas o la fuerza vital de crear nada decente, ya que solo deseas tomarte algo y tirarrte a descansar.

Pero volviendo a mi adaptación de la frase de Chaplin, un día sin crear es un día perdido.

¡No!, no voy a quejarme esta vez por mí trabajo, ¡no!, aunque tampoco quiero caer en el pensamiento del esclavo del tipo “hay que estar agradecido por tenerlo”, por supuesto que sí, pero sin duda también el o los empresarios debería estar agradecidos a sus empleados por hacer que su empresa funcione día a día, y la verdad, fuera de algún operario superior o algún encargado novato, no te suelen dar las gracias, y los peces gordos apenas se muestran por la zona de guerra. En el fondo se que todo ésto me viene con un sentido kamático y profundo, y es por que durante más de 10 años fui la autentica cabeza de león de un grupo de personas algo bohemias las cuales nos dedicábamos a la música. En ése tiempo yo era la cabeza pensante y por así decirlo, era el que daba los planos y apuntaba la dirección hacia la que había que mirar, aparte fijar las metas y por supuesto de poner mi pasión y mí tiempo en guiar y en poner las cosas faciales a cada músico, ya fuera con una explícita partitura o consiguiendo el mejor micro para cada instrumento para así después grabar a cada uno de ellos con mis 5 sentidos puestos en que todo saliera bien. Y viví en mis carnes la presión de quién no es el más obrero pero, si en cambio lleva encima toda la responsabilidad y el nombre del grupo en el cual si algo no gustara al público o fuera criticado por la prensa, sería a mí a quién le caerían todas las hostias, al igual que si salía bién, mi nombre siempre estaba por ahí en medio, por algo era el creador. Y eso que me puse en una esquina del escenario. Viví momentos de muchisima presión llevando el peso, el nombre y la voz de un grupo de más de 50 músicos en la espalda. Por supuesto ayudado profundamente por otras personas, sin duda.

El caso es que se podría decir que visto desde el obrerismo, y sin contar el obrerismo intelectual (composición, arreglos, partituras, configuraciones, experimentación etc…), podría decirse que fuí un príncipe ingles, y como en todo reino, llega un día en el que la clase obrera (músicos) se rebela en cuanto ve alguna ranura por la que pueda meter su espada para lograr ascender en su lucha por la conquista de su paraíso particular y así sentirse realizado e importante.

En unos pocos años el imperio, que en realidad era en parte prestado, cayó.

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En cambio ahora, hace años ya, estoy en el punto opuesto, soy yo el peón y el punto más bajo de la pirámide, con la diferencia de que yo al príncipe de mí empresa ni siquiera le veo, ni se absolutamente nada de él, y además no solo hay uno sino que hay varios.

Esto venía a cuento de que pese a no poder quejarme de un trabajo que en realidad me proporciona ciertos sustentos, tampoco quiero caer en la mentalidad del esclavo y complacerme y complacerles con el estar agradecido por obtener unos ingresos mínimos por vender mi tiempo y esfuerzo en un trabajo que en realidad es lo único que me han dejado hacer.

Todo lo demás que haya logrado en mí vida no ha sido gracias a este sistema, eso lo digo alto y claro, como claro es que a nadie le regalan nada y sin duda hay personas con necesidades bastantante más importantes que las mías.

Pasé de ser un príncipe ingles que llenaba auditorios y plazas con su música, a ser el último mono de una empresa de limpieza. Antagónicos tanto por la función en sí como por la repercusión. Digamos que pasé de un estado de lucha por mí sueño a un estado de luchar por el sueño de otro, aunque cierto es que aquel sueño no era completamente el mío.

Hay una cosa cierta, pese a haber vivido muy humildemente de mí música durante más de 10 años, he visto más dinero en mis propias manos siendo el último peón de una empresa de limpieza que siendo el príncipe ingles de un grupo musical, ya que eramos una especie de comuna en la que cada cual tenía una función, y la tesorería no era mi especialidad.

La pregunta es:

Se puede pasar de sufrir por todo en una situación de príncipe ingles (como ya he dicho sin tener en cuenta el obrerismo intelectual) a dejar de sufrir en una situación de peón de la sociedad.

La respuesta es sí.

Sin duda es mucho más cómodo ser un mandado, alguien que no decide, alguien que no arriesga, con toda la mierda  que puedas tener que comerte, que tener todo el peso de un grupo humano o empresa sobre tus hombros.

O dicho de otro modo, un pobre puede ser infinitamente más feliz que un poderoso y multimillonario empresario

En mi caso nunca vino la felicidad por medio del dinero, ya que nunca hubo demasiado. Me consuelo con que a día de hoy mantengo mi alma llena con la música que voy creando poco a poco, y a la vez tengo algún proyecto ilusionarte el cual solo embestiré si realmente me siento con fuerzas y tengo la convicción de que será realmente el sueño por el que quiero luchar, pero no debo esperar demasiado.

A lo que me refiero con todo esto es que como obrero del sistema, empatizo con mis otros compañeros obreros, solo faltaba, y podemos quejarnos juntos de lo déspota o lo altivo o lo inalcanzable que puede ser el de arriba, y a la vez, se que con estas reglas del juego en las que lo que define el grado de cada uno es la proporción entre responsabilidad y dinero que tienes con respecto al otro, se de sobra que no voy a salir de ser el último peón del reino, por muchos méritos que pueda llegar ha hacer en la empresa, y menos si para que uno sea considerado, haga falta que te  conviertas en un perro policía del rey.

Así que tengo 2 opciones, continuar toda mí vida luchando en el bando de los últimos peones del sistema oprimidos, y a la vez por suerte llenámdome de ilusión con esfuerzo el alma con la música, y en consecuencia no llegar a la cima ni de una faceta ni de otra, quedandone así en una cómoda mediocridad semi-placentera o, apostar firmemente por la vocación y empezar a mover fichas con en proyecto ZURU&13, ya que encargos musicales como los de la última banda sonora apenas llegan 1 cada 3 años.

Teniendo esto en la balanza, y corriendo el riesgo de que se me pase el tiempo y termine pensando en los años que me puedan quedar para la ficcticia ilusión engañosa de la jubilación, me doy 5 años más para o bien abandonar el sistema y lanzarme al vacío del arte, o bién mantenerme en esta ambigüedad más normal de compaginar, la de ser un último peón del sistema con ser un príncipe inglés musical.

Para ambas cosas sin duda hay que tener tesón y además demostrarlo.

Si lo pienso tengo hasta suerte por ambas partes, y es que un día sin crear es un día perdido.

Hay quién a la necesidad de crear le llama estar aburrido, o tener mucho tiempo. Sin duda el libre albedrío es el mayor motor para ser creativo, y el aburrimiento hace que te entre el  hambre de crear, y cierto es que yo soy bastante aburrido pero… realmente… realmente nunca me aburro, y si me me aburro…ME INVENTO E INVIERTO MIS HORAS LIBRES EN ARTE PROPIO.

Y honestamente…

SER UN DOBLE PEÓN TAMBIÉN PUEDE SER UNA BUENA OPCIÓN.

La vida me irá diciendo…

Two-faced pawn. The pawn is a traitor

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