Placer innato

La herida se hizo costumbre al dejar de amar. La cicatriz solo resuena a pasado drogado de afectos depresivos. Echando de menos la agradable y apasionada textura de tus bragas a medio camino entre el cielo y el infierno. Un río de gemidos colores que suena a impaciencia. Salitre en los poros del destino karmático en fuego. No desistas en la fragilidad de tus golfos secretos de una caricia tardía de pasado. El reencuentro de los cuerpos se luce con el quebrar de huesos en la esquina de un portal. Sincero morder de labios que denotan el deseo prohibido sin fe. Traete de vuelta los sabrosos quejidos de placer innato en la piel. Embravecidos los lobos de invierno. Tremendamente vitales los esfuerzos de una postura que te hace temblar de tiempo en espera. La casa se hace madriguera tras la nieve. Pueblo de un ridículo niño mimado con falta de afecto y chulesco. La escuadra de los domingos le costo la red en su pasado. Y tiene la costumbre de herir en el polvo. El burka de un querer por un embrujado despecho de infantiles bragas al aire. Autopista de fantasmas producto de lo que nunca quiso ser. Después, el abandono insolidario de un Martes de rombos. Poker de muerte alpina y francesa garganta de un vino barato. Traete la herida que supone el calor frío en un cuarto febrero.

Despierta…

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