Saladas navajas llorosas

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Tras las navajas de tu llanto se esconde el eterno movimiento humano de los amores perros. Quisiera abortar ese recuerdo que nos lastima. De moretones y heridas los bajones de la balanza que no atina en su justa medida. Dulces fueron algunos momentos entre el viento sur. Y aquel árbol que te desprendió de mi me vuelve cada noche. Inestable presente ése, ése de horas sin conducirnos a nada. Helada quedaste por nuestra buena manera de no lastimar. Saladas navajas llorosas del ser. Atadas en la lumbre de los silencios provocados. Mal acostumbrados encuentros de polvo y lienzo blanquecino. Ahora ya ni por casualidad vivimos. Eternamente dolidos en afligidos estruendos de un no poder. La culpa de no pertenecer quedo incrustada en la habitación del juego. Quiereme mañana nos decíamos, y así se quedo prendada de lo peor. Solo queda la rima de espesa bruma. Y ahora vuelve, vuelve, vuelve a mirarte. Desenrredate los recuerdos fallidos. Sin piel no queda picadura ni atadura. Riéndose la suerte de encontrarte viva. No a la costumbre de un absurdo payaso que apenas ríe ni hace reír. Apaga. Apaga…

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